A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

martes, 22 de septiembre de 2009


MI PRIMER AMOR.

Tendría unos trece años, recuerdo que mi cuerpo era una manifestación de sucesos, unos agradables, otros sorprendentes, todos nuevos para mi. No recuerdo su nombre, pero aquella niña de larga melena siempre delante en la fila conseguía ponerme nervioso, solo era mirarme y sentía que dos hogueras quemaban mis pómulos, un “no se qué” algo así como una bandada de mariposas se instalaban en mi estomago, mis rodillas marcadas por el fútbol callejero, parecían dispuestas a no soportarme sobre ellas y una estúpida tartamudez se apoderaba de mi lengua. Eso sin contar que no se porque razón mi mente quedaba como en los exámenes de matemáticas, vacía por completo.

Ella desplegaba un abanico de nácar en forma de sonrisa y yo abría mis ojos aun más embelesados y prisionero de su mirada. Es tu primer amor dijo mi hermano mayor,” Jesús que cara de tonto pones”, ¿le has dicho algo ya? Yo recuperaba un hilillo de voz para responder ¡no tengo que decirle nada a esa imbecil!, ¿Qué se habrá creído? Mi voz era una mezcla inconcreta de organillo con un coro de aves desafinadas, una mezcla de pato, gallo y pavo.

Si hasta entonces era el ultimo en levantarme, ese año desde el amanecer ya estaba peinando y repeinando el flequillo y ese remolino insurrecto de atrás, al principio utilizaba el fijador de mi hermano, después jabón cuando él lo quito de en medio, una nube de olor a colonia inundaba el pasillo, ante la sonrisa cómplice de mis padres. “Así me gusta hijo, que vayas limpio”, me despedía con un beso distinto en intensidad y en tiempo, bueno cosas de mujeres.

Nunca le dije nada de mis sueños, de mis fantasías, pero en ese silencio de ambos en aquella plazoleta descubrí el cielo y la luna como algo más que un tema de marcianos, y cada despedida venia marcada por un suspiro, una bocanada de palabras no dichas, donde revoloteaban mis mariposas. Un día al subir al autobús ambos extendimos la mano en pos del billete y se unieron, la suya dentro de la mía y así quedamos un rato, que duro hasta que el conductor lanzo aquello “a ver los tórtolos estos, pasan o no”, nos sonrojamos, se oyeron tímidas risas y un coro de miradas buscando en ellos tiempos pasados. ¿De verdad existirá el cielo como dice Fray Serafín? Debe ser algo parecido a ella.

Paso el tiempo, se agoto ese año, su cuerpo cambió, era varios años mayor que yo, encontró otro rumbo y yo quede frente a su casa con una sensación como si el mundo para mi ya no fuera de colores, se torno gris, yo huraño, se deshojo el almanaque y otro y muchos más. Ya no se cuantos, porque jamás hubo otro igual. Me enamore otras veces claro, unas más y otras menos, pero sin aquellas mariposas, y mis cielos se poblaron de marcianos y la luna solo estaba en un calendario colgado en la cocina.

Mi mundo gris, mi cielo gris, fue volviéndome gris a mí. Capas y capas de barniz de éxitos fueron tapando el recuerdo de aquel mi único amor. “Hijo siempre tan serio, de niño eras un cascabel” recuerda mi madre con una mirada de tristeza, no hay que pedirle tanto a la vida, es preciso conformarse, además lo has conseguido todo. Con los visillos descorridos miraba aquella ventana de enfrente, oyéndola como me hablaba.

Esta tarde de pié tras el cristal de mi despacho, se paro una mujer joven, se planto sobre sus pies, como se plantan algunas mujeres que saben que lo son, y saben bien ........lo que no quieren. Su mirada atravesó el cristal y restallo como un bofetón de luz en mis ojos. Abrió esa puerta tantos años cerrada y con gran desparpajo me dijo, “oye yo de ti cambiaria de color de ropa” estarías más guapo. Atine a masticar tres excusas que rechinaron por falsas y mientras pensaba que decirle a esta descarada, sentí un pequeño rumor, molesto, pero conocido de algo en mi estomago. Mis brazos parecían estar en huelga y aquella rodilla lastimada tembló un instante, se adelanto se empinó en sus zapatos y me dio un beso. Me llamo Rosa……yo…bueno…..esto, ¿tomamos café? ahora nos vemos, cambia esa cara hijo.

He vuelto a madrugar, la gomina desgraciadamente no me hace falta, pero tengo una colonia que no usaba jamás y unas camisas guardadas y un chaleco actual……………pero lo mejor de todo es el color, de las cosas, de las gentes. Vaya si tenía un jardín aquí en la esquina ....esto será nuevo.

Mi madre abrió la puerta y vino a darme un beso, se quedo parada, me miro solo una vez y basta. Bien siéntate aquí, dime ¿cómo se llama ella?

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