A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Años tuyos que yo debí sentir

crecer cerca de mí como racimos

hasta que hubieras visto cómo el sol y la tierra

a mis manos de piedra te hubieran destinado,

hasta que uva con uva hubieras hecho

cantar en mis venas el vino.

El viento o el caballo

desviándose pudieron

hacer que yo pasara por tu infancia,

el mismo cielo has visto cada día,

el mismo barro del invierno oscuro,

la enramada sin fin de los ciruelos

y su dulzura de color morado.

Sólo algunos kilómetros de noche,

las distancias mojadas

de la aurora campestre,

un puñado de tierra nos separó, los muros

transparentes

que no cruzamos, para que la vida,

después, pusiera todos

los mares y la tierra

entre nosotros, y nos acercáramos

a pesar del espacio,

paso a paso buscándonos,

de un océano a otro,

hasta que vi que el cielo se incendiaba

y volaba en la luz tu cabellera

y llegaste a mis besos con el fuego

de un desencadenado meteoro

y al fundirte en mi sangre,

la dulzura del ciruelo salvaje

de nuestra infancia recibí en mi boca,

y te apreté a mi pecho

como si la tierra y la vida recobrara.


Pablo Neruda.

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