A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

sábado, 19 de diciembre de 2009

El amor es cosa de dos.

Cuántas veces hemos leído, oído o dicho aquello de, “detrás de un gran hombre siempre existe una gran mujer”. Hasta hace bien poco esto de los grandes hombres era lo usual, el mundo era asi. Puede que pronto la frase se invierta ó quizás no, porque no sea preciso. De esta forma ese atisbo de sacrificio no sería necesario.
Hoy me gustaría proponer un frase….”detrás del gran amor de una mujer, siempre hay un gran hombre”, dirán ustedes…..es obvio. Creo que no. Los grandes amores , esos que hacen historias, es decir por escrito siempre les pasan a las mujeres y son descritos en una óptica femenina. El galán del asunto es ese que viste de oscuro y suele estar junto a la novia. Como mucho suele ser aventurero, explorador, rico y famoso, o un impresentable pero guapo. Jamás es un hombre normal, trabajador, a esos les suele dejar tirados las malas hembras.
Estar al lado de un gran hombre, sin ser explorador ni millonario es como convivir con un señor de Laponia. Un sitio alejado, un país que hay que buscar el googlemaps, un extraño que cuando tu mujer crees que piensa esto, sale por aquello, que no entiende de matices, de emociones (como tú, porque tenerlas las tiene, pero claro en Laponés), necesita oír tres veces tus encargos y casi seguro que hará solo dos. Pero un Laponés, que trae rosas un día sin venir a cuento, que te besa o te hace el amor como a la única y la mejor hembra del universo y eso el día que te ves más fea. Ese hombre que sin cuento arregla esos mil detalles que te hace la vida más fácil, que te sorprende mirándote sentado en el suelo junto a tu cama. Es quien viene todos los días con una sonrisa.
Ese de oscuro que acompaña a una chica vestida de princesa sin decir nada, es un ser complicado, porque en su disco duro no trae el programa adecuado para abrir los archivos de su corazón y lo más parecido eres tú, la única en todo el planeta que sabe ver sus colores en sus ojos, los de un bosque en otoño, los de un amanecer sobre los tejados, las sombras de una luna llena y a veces sientes ese idioma que hablan sus manos cuando te acarician.
Hay grandes amores escritos para grandes mujeres. Pero el amor es cosa de dos.



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