A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

domingo, 3 de enero de 2010

El reloj de mi corazón anda algo desajustado, tu ausencia lo enloquece. Si fuera un reloj lunar diría, que la niebla no le deja calcular sus latidos al perder de vista tu cara. Pero es el no ver tus ojos de cerca y cuando digo de cerca, me refiero a la distancia de un beso. Me muero sin tu boca, sin tus labios, en particular ese labio inferior, me vuelve loco. Sin embargo a este reloj tu boca le viene de maravillas. Como si el artesano que lo engrasa y pone en hora aplicara esa gotita de aceite para que su maquinaria avance sin prisas y sin pausas.
Me gustan tus besos y tan lejos está ya el último que ando loco sacando cosas de mis recuerdos, maginando el sabor del último, el calor de tu aliento. Donde mirabas tú o yo, donde tenías tus brazos y yo los míos, si estabas de puntillas o yo volando. Cuando te beso voy con tacto y rapidez como un colibrí, quizás porque siempre se me ocurre que desaparezcas como un sortilegio. Es que me muero sin uno de ellos. En los días siguientes, salto, canturreo, duermo de un tirón y no te cuento mis sueños, porque sueño que se hagan un día realidad. No son complicados, sueño que nuestros relojes se paren un tiempo, el justo y necesario para amarnos, aquí, allí entre dos nubes blancas.
Cuando tengas tiempo, tengo que contarte un sueño que tuve una noche, la letra la llevaré en mis manos y su sonido en mis besos.

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