A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

viernes, 15 de enero de 2010


La vida en común de una pareja mujer-hombre ha sufrido variaciones a lo largo de la historia, el 90% del tiempo ha sido una sociedad procreativa, con una división de trabajo clara. Siendo el hombre el empresario-propietario y única voz cantante, ayudado por las leyes (suyas) y el poder de la religión (mas hombres y suya). El amanecer romántico del siglo XVIII y XIX, introduce el amor y el enamoramiento en esta sociedad. Más bien la necesidad del amor, que hasta entonces era aleatorio. El contrato matrimonial que es el acta de fundación legal de esta empresa no preveía importante este asunto. Tan solo los muy pobres o los muy ricos, polos opuestos donde el aspecto económico no primaba, echaban mano de los sentimientos para elegir pareja.
Al día de hoy sigue existiendo esta sociedad matrimonial en las que los aspectos; afectivos, económicos y religiosos son igual de importantes, pero…..y aquí viene el pero, todos ponemos en primer lugar el afectivo, cuando elegimos pareja o fundamos la empresa que llamamos matrimonio. Gran equivocación. Las leyes no regulan los afectos ni las creencias religiosas, que son libres, pero si las sociedades mercantiles y esto es un contrato en toda regla. A ustedes le habrán avisado cuando compra una vivienda o solicita un préstamo hipotecario o incluso de sus derechos al viajar en avión, que se lea todo el contrato y preste muchísima atención a la letrita pequeña, a que sí. Pero….alguien va a un asesor económico para ver, qué implicaciones económicas va a tener ahora y en su futuro esta empresa, como extender el contrato, qué clausulas…..respuesta nadie. Las familias paternas de antes del romanticismo esto lo desgranaban al dedillo y los ricos aun no dan el sí, hasta que sus abogados redacten un contrato beneficioso o que no les perjudique.
El 50% de las empresas matrimoniales terminan quebrando y aquí entra la ley, esto es la raíz de los problemas, de pronto se mezclan otra vez los aspectos; afectivos, religiosos y económicos. Si no se ha pactado lo que va a suceder caen en manos de abogados, que cobran por todo, de jueces casi todos con una raíz religiosa muy acentuada y con una ley que prima a una de las partes, si existen hijos menores.
La sociedad civil, la de la calle, ha cambiado a velocidad de vértigo, los avances políticos han sido enormes, las libertades, las costumbres, la incorporación de la mujer al trabajo, el solo ejemplo que el 60% de los alumnos universitarios son mujeres, en algunas disciplinas el 80%. Tenemos reconocido el derecho a sanidad y educación gratuita, a préstamos ventajosos para la vivienda, a pensiones y una larga lista que se llama “sociedad del bienestar”. ¿Cómo afecta todo esto a los integrantes fundadores de esa empresa?, pues todo pivota cada vez más en los afectos. Eso suponiendo que usted no haya sido otro más de los desinformados y no se hubiera asesorado convenientemente.
Estamos en la sociedad de las emociones, nos las encontramos en todas las esquinas; inteligencia emocional, liderazgo emocional, memoria emocional. Esto es el reino donde hoy se dirime la convivencia de las parejas, pero…el hombre-varón, ¿está preparado para este reino…..?. La religión sigue erre que erre con el papel de hombre-padre, las leyes con la de hombre-socio, ¿Qué se nos pide en esta nueva etapa?, pues creo que estamos perdidos. Las mujeres aun no lo han decidido, inmersas en sus propios cambios y los hombres en esto de lo emocional andamos, con un diccionario chino-español en mano, un mapa desdoblado, en medio de Shangai y buscando una cara de alguien conocida.

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