jueves, 8 de abril de 2010

Hechicera



La noche

dormía acurrucada en tu cuello,

susurré un relato de sedas en tus oídos,

mecidas con la suavidad de la brisa.

La primera luz del amanecer

descendió sobre las dunas de tu pecho.

mientras oyen mis manos

la música de tu piel .

Apuramos el dulce cáliz de los deseos,

se apagan las brasas de tus ojos

y en mi pecho

siento aletear dos palomas,

que huyen en el vuelo de tu sonrisa.

Me deje hundir en esos ojos

y dentro,

el reflejo de mil lunas.

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