A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

martes, 18 de mayo de 2010

Nana de la cebolla.


Miguel Hernández escribió un maravilloso poema a su hijo, al recibir una carta de su mujer, donde le decía que solo comian pan y cebolla.


La cebolla es escarcha

cerrada y pobre.

Escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla

hielo negro y escarcha

grande y redonda.


En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre

escarcha de azucar,

cebolla y hambre.


Una mujer morena

resuelta en lunas

se derrama hilo a hilo

sobre la cuna.

Ríete niño

que te traigo la luna

cuando es preciso.


Tu risa me hace libre

me pone alas.

Soledades me quita

carcel me arranca.

Boca que vuela

corazón que en tus labios

relampaguea.


Es tu risa la espada

más victoriosa

vencedor de las flores

y las alondras.

Rival del sol

porvenir de mis huesos

y de mi amor.


Desperté de ser niño

nunca despiertes,

triste llevo la boca,

ríete siempre.

Siempre en la cuna

defendiendo la risa

pluma por pluma.


Al octavo mes ríes

cinco azahares.

Con cinco diminutas

ferocidades.

Con cinco dientes

como cinco jazmines

adolescentes.


Frontera de los besos

serán mañana

cuando en la dentadura

sientas un arma.

Sientas un fuego

correr dientes abajo

buscando el centro.


Vuela niño en la doble

luna del pecho

él, triste de cebolla

tú satisfecho

No te derrumbes,

no sepas lo que pasa,

ni lo que ocurre.




Nuestra piel es la ventana y nuestro primer idioma, a través de ella, conocemos al mundo por primera vez; el calor, el roce, el frio, las caricias de unas manos, de nuestra ropas, del agua tíbia que nos baña. Los sonidos aún son confusos, aunque reconocemos la voz de la madre y de nuestro padre. Nos gusta dormirnos con el tic tac del corazón de aquella que nos ha llevado nueve meses. Cuando por fin vemos, es la boca y los ojos de quien nos mira. Piel, voz, ojos y sonrisas son los sonidos con que nos habla y hablamos al mundo. Que nos hace felices o huerfanos, que nos desnudan o nos arropan.

Cuando el tiempo nos enseña lo desagradable, la negación de esto anterior, como la cebolla de esta nana, creamos otra piel que nos cubra y otra más dependiendo de la intensidad de los silencios. Hablaremos con la voz de nuestros labios, pero tambien ellos aprenderan a ser frontera de nuestros besos.

Nos llevamos toda la vida añorando volver, a aquel baño en aquellas manos u otras iguales, deseando despojarnos de las fronteras que hemos ido creando, oir esas voces, ver esas sonrisas y una mirada de cariño. Quitarnos las capas y capas de nuestra piel, para dejarla dispuesta a hablar con todos, aunque indefensa. La vida consiste en un eterno ir y venir entre el desnudo y coraza de la soledad, que es el silencio completo.

"Tú risa me hace libre me pone alas, soledades me quita, carcel me arranca". "Vuela niño en la doble luna del pecho". Defiende tu piel pero desnuda y como dijo Miguel, la risa es la espada más victoriosa.




Nana de la cebolla. Miguel Hernández.




2 comentarios:

Pescadora de Perlas dijo...

Un poema que estremece por sus raíces, llevaba largo tiempo sin leerlo.
Hernández perdurará ente nosotros a través de su obra. Imposible silenciar tanta pasión.

Saludos Capitán.

Capitán Smith dijo...

Gracias por venir pescadora. Un saludo

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