A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

sábado, 29 de mayo de 2010

Nana para una dama.



Como un peine mi mano deshilaba los rizos de su pelo, la pasaba suavemente, como si fuera esas olas que mueren en la orilla una tarde de verano. Respiraba ya tranquila, su cuerpo contra el mío descansaba en mis brazos, su corazón llego más tarde, vago un rato más en el horizonte de sus ojillos casi cerrados. Necesitó templarse con la brisa del ocaso, cansado, lastimado, lleno de palabras afiladas, de las dichas en voz baja y despacio, para que duelan. Al penetrar en ella dio un largo suspiro y cerró los parpados. Durmió así un buen rato, yo perdí la noción del tiempo, allí los dos frente al mar, a solas de todos y en medio de todo, porque el mar es eso. Como si fuera una niña, le conté…..no sé….cosas mías, viajes, anécdotas, reflexiones de esas que nunca te gustaría verlas escrita, porque es como si te pillaran recién levantado de la cama y sin peinar. Pero a ella se las puedo contar, porque entre ella y yo no hay distancias. Aun lejos, aun sin vernos. Fue como cantar una nana, atrayendo a un sueño esquivo, meciendo a una dama una tarde de verano con cariño. Le hable de cómo bailan los delfines en la proa, de la compañía de las gaviotas, de ese camino hecho de escamas de plata que lleva al ocaso. Le hablé de cómo al doblar el espigón mi barco va más aprisa, se desliza buscando su lugar entre los otros para descansar.
En el amor existen muchas estancias, lugares en los que vivir, desde una mirada eterna bañándote en unos ojos, desde bailar con una música solo para dos, desde crear y hacer el amor cuando desaparece la frontera de la piel, hasta el silencio y el disfrute de simplemente estar a su lado.

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