A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

domingo, 24 de octubre de 2010

Un amor de los de antes.

Siempre me interesó la gente mayor de edad, esa manera solemne de hacer balance en sus vidas. “Mi marido fue un buen hombre conmigo y mis hijos, nunca me faltó ni me puso la mano encima y en mi casa jamás falto de nada”. Era el papel del hombre, proveer. Para nada se referían a la ternura, al amor, muchísimos menos al sexo, tema tabú. Si acaso pudiera ser que conservasen varias cartas, escritas con ocasión del servicio militar de él. Si hubiera hablado él nos contaría que su mujer era muy limpia, buena administradora y que jamás dio que hablar. El enamoramiento, el amor como lo conocemos, sentimos, buscamos, perseguimos, exigimos, es cosa nueva no tiene más que unas décadas, incluso en algunas culturas como la china actual este tema es extraño. Allí a los maridos o esposas se les profesa afecto y respeto, nada más.
Sin embargo en nuestro medio ya sea cultural o geográfico el amor es un ingrediente definitivo y definitorio. Nos sentimos desgraciados no solo si no tenemos una de estas experiencias durante nuestra vida, sino que si acaba antes de lo previsto nos duele y nos hunde, poniendo en duda nuestra valía personal. Declaramos que el amor surge de improviso y sin explicación, pero al instante nos lanzamos sobre él para meterlo en una jaula, para degustarlo, para poseerlo, ya que nos proponemos disfrutarlo toda la vida, cuando el amor es algo sublime, frágil, escaso y de una duración indeterminada.
Somos afortunados si al menos una vez vivimos un gran amor. Más afortunados que millones de personas en este planeta que aun viven o vivieron. Tanto si dura un mes, como diez años o toda esa vida seremos muy afortunados, tanto si coincide con la persona con la que vivimos o con otra. Lo demás, esposo, esposa, hijos etc son pura biología, lo mismo que ha sido durante millones de años. Quizás tengamos que valorar también otros valores que damos como “menores”, como ese afecto de los chinos o ese “ser un buen hombre o una buena mujer” de antes, antes no soñaban con enamorarse, eso solo pasaba en las novelas o en las peliculas.

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