A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

jueves, 7 de octubre de 2010

Un poco de crisis.


En 1587 el Cardenal Rodrigo de Castro acometió una reforma hospitalaria en la ciudad de Sevilla, esta reforma se produjo en todo el reino por orden de Felipe II, se puede considerar una modernización de la estructura sanitaria del reino. Concretamente en Sevilla existían más de 100 hospitales, casi todos dependientes de Hermandades y Cofradías. En esos años se inaugura el Hospital de las Cinco Llagas, actual Parlamento de Andalucía, yo lo conocí e inicie mis estudios en él ya que aquí radicaba hasta 1973 la Facultad de Medicina y aún era hospital.
Los hospitales reducidos funcionaban como tales y como asilos de pobres, entre otras cosas eran los pobres quienes más enfermedades padecían. Como decía estos establecimientos estaban bajo el patrocinio de una Hermandad religiosa y en atención al Santo que se venerara el hospital se dedicaba a la enfermedad asociada al Santo. Como curiosidad les diré que cada sala del nuevo hospital llevaba el nombre de un hospital cerrado
Hasta aquí bien. Pero este es el país de la picaresca. Resulta que las Hermandades gozaban de una exención de impuestos como tal y otra si tenían hospital. Como resultado bajo estas “fundaciones” vivían sin pagar impuestos, una parte importante de la ciudad y todo por la existencia de dichos “pobres, enfermos o tullidos” que además de estar asilados y cuidados de día mendigaban por la calle. El caso llego a ser tan extremo que algunas hermandades pleitearon entre ellas por tener en nómina a determinados pobres cuya enfermedad fuera evidente pero no causara mucho gasto.
Los hospitales fueron clausurados y todos sus enfermos, fueron citados en la explanada delante del nuevo Hospital. Allí se instalo un tribunal médico que reconoció a; ciegos, sordos, mudos, paralíticos, cojos, mancos, sifilíticos, locos, tísicos y un largísimo etcétera. A todos aquellos que se comprobó que estaban enfermos se les ingresó. A los pobres auténticos, cojos, ciegos y otras minusvalías, se les puso una tablilla numerada al cuello, que les daba permiso para la mendicidad. Al resto se les dio una tanda de latigazos, aunque solo a los primeros, ya que se produjo una desbandada general a la vista del castigo.
Estamos viviendo una crisis brutal y una parte muy importante del dinero de los impuestos lo dedicamos a gastos sociales. Con la diferencia de siglos obvia y sin necesidad de latigazos, convendría una reflexión sobre, cómo sobrevivir con indice de paro del 25%, una economía sumergida del 30% y una abundante picaresca como entonces.

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