A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Cariñosamente.




Cuando le hablo o le escribo suelo decirle “mi enana” o mi pequeña, no es una alusión a su estatura, porque cualquier medida en los seres humanos no significa nada en si misma. Es algo cariñoso, entrañable, porque de todas las personas a las que quiero, ella es especial. Vino al mundo con las ventanas de su corazón abiertas de par en par, lo cual es maravilloso para que entren el sol, la luna, las hadas, las mariposas, el otoño, el olor del humo de las chimeneas y también sirven para mirar, para escapar al mundo y para el amor.

Hay gente con temor o cierta aprehensión que las entornan, les ponen cortinas e incluso las atemorizadas, rejas. Mi amiga es un tabardillo y “cabeza loca, no aguanta toca, decía mi abuela”, es además confiada, por tanto a veces en vez de mariposas los que entran son tábanos, en vez de brisas son chubascos y en vez de amor, un asaltante disfrazado.

Debería con el tiempo haber recapacitado, pero esas ventanas del corazón le vienen estrechas para tanto corazón, y a resguardo se marchitaría. Cuando se agota, vaga por los senderos de su mente, quedándose quieta, apoyada en el alfeizar tras los cristales, viendo llover, viendo pasar la bulla agitada de los demás.
Es ese momento cuando sus amigos, los que la queremos sentimos de pronto, que se nos eriza el vello en los brazos, que sentimos frío, nos encogemos dentro del cuello de la camisa y nos es mas que ella quizás cansada, quizás……..ha entornado sus ventanas, quitándonos su calor.

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