A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Dos amantes.





Abercrombie iba y venía sin parar por la cubierta, ajustaba las escotas del foque y la mayor a pequeños tirones. Nunca estaba lo suficientemente conforme……..de vez en cuando se permitía un comentario….”deberías instalar otra cornamusa aquí, el cazaescota tiene holgura” o “ya deberíamos haber limpiado el casco, seguro que estará llenito de escaramujos, perdemos arranque”. Llevamos ya casi 30 años navegando juntos y aunque es cierto que el barco oficialmente es mío, en realidad es suyo. Además yo lo siento así, su dedicación es de tal calibre que se lo sabe de memoria, cada pieza, cada sonido y el mismo barco le obedece de una manera extraña. Parece su amante, mejor dicho y afirmo, son amantes.
Este velero me engaña lo sé, con solo sentir como responde a esos tirones de Abercrombie, se ciñe suavemente, encara las olas sin brusquedad, besándolas, arrancándoles surtidores de espuma a cada una. Le presenta al viento sus costados, incitándolo a acariciar las velas, atrapando esas manos invisibles para cobrar vida.
Observo a mi amigo, su sonrisa, sus muecas de afecto, cómo desliza sus manos por las drizas, sintiendo ese ligero temblor de la lucha, del baile con el viento.
No tengo dudas, es como si hicieran el amor en mi presencia y como buen amante disimula. Ya de vuelta una suave brisa nos empuja la espalda, nos sostiene como si cantara una nana. -Lo dicho, repitió tras varias horas de silencio-, deberías limpiar el casco de este barco, le noto perezoso. – No te preocupes, lo tendré en cuenta, respondí-.
Me gustaría describir como acunó al barco en su lugar, lo dejó atado, limpio, airoso y…él como si fuera un adiós, se despidió de nosotros con un suave bamboleo de caderas.

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