A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Otoño en la ciudad.

El otoño puede ser muchas cosas aparte de una estación y como el tiempo es inevitable su llegada. No viene de golpe y porrazo por más que la presentadora de TV lo recalque con énfasis. Al contrario más que una fecha, el otoño se insinúa con parsimonia. Primero disminuye la luz poquito a poco, se hace dorada pero ya sin el calor de la pasión de un verano, el otoño te va sumiendo en una discreta penumbra y melancolía, te acorta los días y no porque desaparezcan las horas del reloj, es que día y sol son un binomio, asi te va preparando para la oscuridad del invierno. Por eso los árboles en otoño para iluminar sus tardes, tornan de verde a amarillo sus hojas para recordar esos días poniendo un poco de sol en cada hoja.
Después que la tijera corte las horas de ese reloj, van apareciendo en sus tardes nubes blancas, algunas con retazos grises, primero unas pocas, aisladas, dispersas, después grandes y regordetas, pero a la vez detrás, al fondo nos ofrece a cambio un gran cielo carmesí, como un gran recuerdo de ese verano que se aleja. A estos días le siguen de pronto otros de sol radiante y calor, sacamos los brazos a relucir otra vez, sonreímos…...es un simple respiro de la naturaleza pero…..la suerte está ya echada. A la mañana siguiente todo vuelve a estar nublado y ya no de gris, ahora es de una negrura inesperada.
Las relaciones humanas son iguales, les llega su otoño como a las flores, a los boniatos, y a las ranas. Supongo que ellas saltaran de contentas, los demás no tanto, sobre todo si tu invierno está más cerca de lo necesario. Entonces sientes llegar ese otoño, lo predices, lees en cada nube un mensaje implícito en cada rincón, en cada hoja que cae, como lo haría un chamán. Cada signo de otoño que siente nuestro corazón es como si le cortaran un hilo que lo mismo que a una marioneta, lo mantiene unido a otros corazones. Cada cita anulada, cada mensaje no enviado, cada llamada pospuesta, cada olvido de alguien es un hilo menos que te mantiene con vida.
Lo ultimo que desaparece es ese cielo carmesí, desaparece esa hoguera que encendian aquellas manos tiernas, aquellos besos encendidos, aquellas miradas que te consumian como una antorcha,aquellas llamadas a horas intempestivas para decir solo..... "te quiero". Se cubre el cielo de las nubes grises de los silencios, de las ausencias, primeros pequeñitas, luegos mas grandes y despues solo quedará un cielo gris y tan frío que parecerá ya invierno.

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