A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Lunes depresivo.


La mañana se presenta lluviosa lo cual le da un toque de nostalgia, de pasear bajo un paraguas y no tener que venir aquí. Todos vamos parapetados tras los parabrisas, intuyendo las caras somnolientas de los que van como nosotros. Unas se pintan los labios, otras se atusan los pelos, nosotros solo agarramos el volante, ya nos peinamos en casa o para el lado o para atrás y pare usted de contar. Venimos con la esperanza que se hayan olvidado de que estamos aquí tras el escritorio, pero no sucederá, por ello daremos cuenta de una mañana mirando una y otra vez por la ventana, viendo llover, soñando pasear contigo, bajo el paraguas, del brazo, encaminándonos a un café donde charlar de lo divino y de lo humano, donde dejar placidamente pasar las horas. Al menos yo necesito recluirme en una isla urbana, virtual, imaginaria, donde recuperar ese yo que existe fuera del trabajo y de las rutinas. Todos somos capaces de sacar de nuestro baúl al poeta, al ocurrente, al divertido, al amante apasionado por un momento o por unos días, el resto es deambular sumidos en otros oficios a lo largo de las horas.
Intento recordar en qué lugar, en que día y hora decidí subirme al carro de lo socialmente correcto. Porqué al estar enamorado de aquella persona, ella y yo nos vimos metidos de pleno en esta vorágine de tareas, rutinas y desencuentros. Total solo queríamos un lugar donde seguir mirándonos a los ojos y cogernos de las manos. Ni por asomo pensábamos en prestamos, adquisiciones, bancos y reuniones con profesores y pediatras. Al final como cualquier otro terminamos charlando con un sicólogo, un cura, un amigo, o ese espejo donde cada mañana vemos, pasar el tiempo por encima de nuestros hombros.

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