martes, 7 de diciembre de 2010

En invierno.

El invierno es época de mirar adentro y desde dentro. Desde casa, desde la oficina o desde el café miramos la vida tras los cristales. La naturaleza nos expulsa de la calle para lavar nuestros pasos, para poner algo de orden a nuestros destrozos. Los arboles también miran su interior, desnudan sus ramas y toda su fuerza queda atrapada en su centro. Toda la tierra se adormece. Es buen momento para volver a mirar fotografías y ordenarlas, releer libros, artículos de revista que habíamos reservado. Es tiempo de quedar en silencio largo tiempo recolocando en nuestra alma sus propios retratos, evocar nuestros momentos felices cerrando fuertemente los parpados, abrazar nuestros brazos reteniendo esas caricias y oler nuestras manos, tratando de buscar en ellas, el más mínimo rastro de las suyas. Más para el buen observador también el invierno tiene sus frutos sabrosos, pero están reservadas para aquellos mas observadores, para los más pacientes; bayas, madroños, castañas, que no parecen tan atractivos ni tan rutilantes como otras están ahí, como esas personas que siempre te acompañan, que son silenciosas, que jamás piden nada, pero que sin esfuerzo aparecen siempre tras nuestra puerta en el momento oportuno. Te sorprende descubrir que ellas si estuvieron pendientes de ti, que atesoran recuerdos nuestros, que recuerdan un sinfín de pequeños detalles de toda una vida. El invierno es el mejor momento para abrir los ojos del corazón y no reparar tanto en los escaparates de la calle y si en las personas que andamos o vivimos con paso menudo y rápido bajo nuestros paraguas.


1 comentario:

Mara dijo...

Me gusta mucho la fotografía. Me recuerda a unos detalles de una pintura de Rubens. Son unas flores tan bellísimas.

Gracias.

Momentos.

Aparte de este momento en estoy viendo al sol irse por el mar y a la vez escuchando unos pajarillos prepararse para la noche, podría c...