viernes, 3 de diciembre de 2010

Noviembre



Con esta mano

me fatigo al amarte desde lejos.

Tendido bajo el viejo ventanal,

espero a que el sudor se quede frío,

contemplo el laberinto de mis brazos.

Soy dueño de un rectángulo de cielo

que nunca alcanzaré.

Pero debemos ser más objetivos,

olvidar los afanes, los engaños,

el inútil deseo de unos versos

que atestigüen la vida.

Celebrar

el silencio de un cuerpo satisfecho,

esa altura sin dios a la que llega

nuestra carne mortal. Saber así

la plenitud que algunos perseguimos:

un hombre, bajo el cielo, ve sus manos.



Vicente Gallego. España 1963.

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