jueves, 9 de diciembre de 2010

Viejos tiempos.



El sol cansado
hunde sus pies
lentamente en el mar
recoge en un lazo
sus cabellos de oro
y con un ligero rubor
se despide con un adiós
a la caída de la tarde.
Dormido en la inmensidad azul
de unas sabanas de terciopelo
cada mañana sonríe despierto
entre los brazos de un ángel.





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