A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Una primera vez.



Preparé durante todo el día mi barco, limpieza a fondo, reponer alguna bebida, prendas de abrigo. Mire en internet el tiempo, dirección y velocidad del viento, estado de la mar…en fin todo lo que se debe hacer, por radio hice saber a puerto, mi dirección y tiempo de arribada. Concluido todo me senté a esperar. Vino como siempre, ligera, dando esos pequeños saltitos sobre sus pies, una sonrisa amplia que ocultaba un leve velo de tristeza. Ese fue el motivo de insistir en mi invitación. Por fin acepto. Extendí la mano para invitarla a bordo. Un gesto de sorpresa ante el movimiento del barco……bien siéntate aquí le dije, déjame el bolso, toma ponte este abrigo y un gorro. ¿Te ayudo en algo, pregunto?....Nada tu solo disfruta.
Solté amarras y salimos de puerto muy despacio. Vire al norte y algo más tarde reduje marcha, solo para aproarme e izar velas. Decidí solo navegar de génova, es una vela de proa que llega hasta las tres cuartas partes del barco. Es muy cómoda para navegar con viento suave. Y así rumbo al 270º. Estos grados definen el poniente absoluto y ahora mismo coincide con el lugar donde se oculta el sol. Esa era mi intención. Callados ambos, me senté en popa, l caña del timón en mi mano izquierda…….Así transcurrieron larguísimos minutos sin hablar, solo mirar cómo el sol iba acercándose al horizonte, cómo su luz iba desgranando las tonalidades del amarillo, al oro, cómo un par de nubes y unas despistadas gaviotas daban el toque preciso a aquel lienzo.
La vi relajarse, Hurgar en el bolsillo en busca de tabaco. Encendió con calma un cigarrillo dando una larga calada. Creo que fumó al menos un par antes de voltear su cabeza hacia mí. Quieres algo?...Mirarte. Esbozo una sonrisa y miró de nuevo al sol…..Cuando atardece justo en el momento del ocaso, se produce un silencio especial, cae el viento unos segundos y luego cambia sutilmente. Aproveché para virar en redondo y de vuelta a puerto, la brisa de popa, dejé que la vela nos trajera de vuelta. Ahora ella se sentó mirando hacia mí, intentando captar toda la luz y……el silencio. A una milla de puerto lo único que oyes es el mar y tu barco. Hoy no era día de hablar, por eso estamos aquí. Venimos a que el viento se lleve esa saturación de palabras que tenemos adheridas a nuestra piel.

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