A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

domingo, 20 de marzo de 2011

Al rico helado mantecado.


El carrito de los helados, era lo más cerca que podíamos estar del cielo en aquellos años. El Señor que los vendía con su chaqueta blanca empujaba su carrito por la arena de la Playa de Regla. Al rico helado mantecadoooo pregonaba, yo allí de pié con una moneda fuertemente apretada en mi mano. –Hola quiero un helado y me ponía de puntilla para ver todo el ceremonial. ….De cuanto lo quieres……50 céntimos respondía yo. Entonces sacaba del cubo aquel artilugio, era metálico, arriba una cazoleta rectangular, como de una jeringa tiraba del embolo hacia abajo y alojaba una galleta con sabor a canela, después con una paleta tomaba una pella de helado del recipiente y lo metía en la cazoleta. Una vez llena colocaba una nueva galleta encima y al subir el embolo…………..zassssssssss un helado mantecado de vainilla perfecto entre esas dos galletas. Despacio lentamente iba dando lametones procurando que ni una gota se callera al suelo, aunque alguna que otra me resbalaba por la barbilla y que yo recogía con la mano dejándola en mis labios. Un helado de aquellos era algo delicioso, nos dejaba a todos una sonrisa largo rato y una sensación maravillosa de vainilla y canela en la boca. Creo que el hombre del carrito era el ser más popular para los chiquillos de la playa.
Aquel carrito se perdió como muchas cosas con los años, lo mismo que los helados con el asunto de las calorías. Un día entre en un bar a tomar café y me encontré con una sonrisa enorme, a mi mente vino un recuerdo y un olor a canela que me dejo perplejo. Que va usted a tomar…….café por favor, levante los ojos, mire de nuevo su sonrisa y…………desplegué mis periódicos. Dando vueltas a la cucharilla en la taza, repare en las fotos del fondo. Allí estaba aquel carrito de los helados y el hombre de la chaqueta blanca. No me diga que es usted familia del señor de los helados…….ahora entiendo lo de la sonrisa, pensé, creo que ella heredo no solo el negocio sino las miles de sonrisas de tantos niños en aquellos años. Hoy a los clientes se la devuelve todos los días, creo que el autentico negocio de esa familia es eso, sonrisas que además huelen a vainilla y a canela.






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