A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

viernes, 4 de marzo de 2011

Recuerdos.













-Smithhhhhhhhhhhhhhhhhhhh vociferaba Abercrombie desde la cubierta, avanzando agarrado a los obenques con la línea de vida puesta. Menos mal pensaba yo rápidamente, porque este hombre está loco de atar…………..
-Smithhhhhhhhhhhhhh tu barco es como una mujer apasionada, siéntela en tus brazos, dile que la amas, que la necesitas con todas tus fuerzas……
..........Abercrombie suele poner ejemplos propios de películas de los años 50 y en las peores ocasiones, supongo que para darse ánimos. De un salto se metió en la bañera a mi lado. Jaló de la escota de la mayor, metió otro nuevo rizo, tenso el tormentín y se volvió a mí.
- Te lo digo Capitán es como tú mujer a punto de abandonarse. Ninguna mujer se abandona en manos de un imbécil. Como tu barco tampoco lo hará jamás, seguía gritando.
-Las tormentas y los barcos, son como el encuentro a ciegas de una pareja; llena de deseos, apasionada, violenta. Pero tu barco como ella lleva tanto tiempo atado, que temen a la libertad. Necesitan recuperar la calma y saber que tú serás capaz de volverla a puerto o de morir con ellas llegado el momento. Firme y suave ese es el modo. Nada de tirones………déjate llevar………
-Eres una antigualla y un machista, respondí.
-Me da igual Smith, soy tan viejo como mis frases.
Y así fue como salimos del apuro. No se bien, si era peor ir empapado de agua o escuchar sus voces. Tiempo después supe de lo que hablaba Abercrombie, recordé alguna tormenta en que me hundí irremisiblemente, por no saber ni de barcos, ni de olas ni de nada. Recordé a aquella chica menuda, a la que ame con locura y que después, intente olvidar sin mucha suerte tras, naufragar sin salir del muelle. Recordé aquel otro momento en que un ángel y un sexto sentido me hicieron transitar con acierto por la mejor estela…….la de una mujer apasionada........... pero también muy enamorada.
-Abercrombie……siento corregirte, se te olvidó ese detalle.
Recordé su rostro con ternura, sus manos pequeñas, un par de ojos acogedores y una eterna sonrisa. Ese fue en realidad, el viento que me lleva hoy rumbo a puerto.

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