A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

viernes, 3 de junio de 2011

En unos días.






Había llegado temprano, ni siquiera clareaba el día. Las personas que como él esperaban tenían cara de cansancio, algunas mujeres apoyaban sus cabezas en los hombros de sus parejas. Él se recostó en la fachada de la casa dispuesto a esperarla. De lejos, se escuchaba el rumor de la gente, una enorme muchedumbre que como las aguas del mar, subía y bajaba como obedeciendo a un anónimo director de orquesta.
Se sobresaltó al oír el tañido. Arriba en la espadaña un campanil comenzó a voltear con violencia. Su sonido agudo taladró la noche, pensó en aquello tan repetido…..la está llamando. Sintió como los vellos de la espalda y de los brazos se ponían de pie, empujando a la camisa hacia fuera. Miró a todos lados para adivinar por donde Ella llegaría, pero no vio nada. Siguió llegando gente, el campanil giraba y giraba, se fueron apretando unos contra otros, todos, unos desconocidos que al contactar se entregaban una sonrisa al mirarse a la cara. Se adivinaba un cierto nerviosismo……y la vimos. Estaba muy baja, en el suelo, solo le vimos la cabeza. Cuando ella se puso de pie vino hacia donde estábamos, derechita y se detuvo. Como cuando alguien a quien hace tiempo que no le ves. Se detuvo Ella en medio de la calle y mirándole se hablaron.
-Hola amigo, como estás., gracias por venir a verme,
-No. Soy yo quien quiere agradecértelo.
-¿El qué?, entre amigos no hay que dar las gracias.
-Veras tuve un apuro y me hubiera gustado llamarte, venir antes, ya sabes……pero siempre tengo tan poco tiempo.
-Lo sé, te conozco ya hace tantos años que no es preciso que te expliques.
Mientras que hablaban él sintió sus manos pequeñas que le tocaban. Imaginó que entre sus dedos tenía una aguja y un ovillo de hilo invisible. Con maestría fue dando puntadas muy pequeñitas….dentro de él, cosiendo esa tela liviana, ese papel de seda con que se envuelven las cosas que más queremos.
-Eres un desastre, tú crees que puedes venir a verme todos los años así. Diciendo esto pasó su mano por su cara………adiós amigo, nos vemos el año que viene.
-Aquí estaré respondió él con un hilo de voz.
Se hizo el silencio, el campanil quedó mudo, como mudos allí estábamos todos. Una espada de plata partió en dos la noche y un suspiro de alivio se adentró hacia la marisma.

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