A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

jueves, 7 de julio de 2011

Aires de levante





Como un ave con sus alas blancas extendidas y una caricia de aire templado que trae la calidez del levante, navega. Aire de tierra. Donde el Guadalquivir viene a ser libre de la cárcel de sus riberas. Vamos a lomos de su corriente buscando esa línea tras la que se pone el sol. Se desperezan las velas tras los fríos, juega su frente con las olas, como los zagales libres de su clase en el recreo. A pillar y ser pillados por sus amigos. En la soledad oigo las risas, los murmullos, el pregón del vendedor de helados de los veranos, todos ellos aun viven en los ecos de la playa.
¿Cuantas cosas terminan en el mar, cuantas duermen entre sus aguas?. Muertos que aun viven en los vivos, y vivos que aquí yacen dormidos u olvidados ausentes de otros seres.
Me pregunto si ese brillo de nacar que adornan el rizo de tus aguas no son sino las miradas de tantos, que al atardecer dejamos allí las ilusiones, los sueños como prendas de amor extendida sobre la colcha de una inmensa cama. Me pregunto si tu calma no son sino los restos de tantos versos naufragados en el tiempo. Me pregunto si el mar cuando se pliega en su seno despejando la playa, no es sino dormir. Reordenar sus recuerdos y después volver, unas veces con gran ímpetu y otras suave, como la palma de tu mano y al leer con sus olas nuestras pisadas, intenta adivinar de quién es aquel suspiro, de quién aquel poema.
A veces al retirarse, deja como olvidado un aviso, es como un salvavidas para corazones perdidos, deposita sobre su arena una caracola. Para que un niño aprenda a soñar, para un corazón que quiera aun recordar. Incluso sin precisar nada. Quien sabe si la dejaste en un rincón, quien sabe si mañana al mirarla recuerdes que un día te habló el mar.

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