sábado, 30 de julio de 2011

En tus salinas.


Como un terroncito de azúcar
cayeron mis murallas,
las de aquel castillito de arena,
en la playa de tu sonrisa,
con una sola de tus miradas.
Cae la tarde y
corren caballos,
en el bajo de una marea.
Traen Jinetes de dolores
y gaviotas de nácar.
Se duerme el sol en tus cabellos
mientras nado entre tus ojos,
caricias de poniente traen tus manos.
Como el Guadalquivir
navego cada sueño,
entre tus salinas y tus senos,
donde cada tarde,
renazco, vivo y muero.

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