A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

jueves, 11 de agosto de 2011

Daños colaterales.


Cuantos hombres podrían recitar con su mente (en silencio), esos tres últimos versos que Rosario Bernabé compuso en el poema “Nada que decir”. Cualquier tarde, en cualquier lugar, sentados en un banco al borde de una carretera o quizás en una plaza, verán ustedes a hombres ya de edad, en silencio, mirando afuera y dentro, pero sobretodo inclinados observando sus manos.
Ahora que por fin caminamos hacia la igualdad; a saltos, empujones, de la mano o del cogote. Ahora que por fin nos hemos despojado los hombres, de tantos uniformes, cánticos, decálogos y de ese papel de lija de dos caras (la de adentro aun mas dañina), que ante la primera sombra oscura en nuestro bigote, era obligado enfundarse. Ahora que hablar de ternura y sentimientos no levanta sospechas………Ahora quizás sea tarde para muchos de ellos………y de ellas, que calladamente, con ternura, los miran recordando a aquel joven tan risueño. Ellos avergonzados, con disimulo, solo observan sus manos, sin encontrar esas palabras para poder contarle a ella, cómo aún alzan el vuelo las mariposas de sus dedos.

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