A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

martes, 2 de agosto de 2011

de sirenas y marinos.




Supongo que todos los hombres tenemos una sirena en la mente, una mujer que con los años va cambiando de aspecto. Primero nos pirra esas melenas largas, luego el gusto se va ampliando por los rizos, el color. Después podríamos hablar de todos los accidentes anatómicos hasta llegar a entender el atractivo de los dedos de los pies. Lo mismo es en cualquier aspecto de la persona, carácter, sentido del humor.
Vestimos y desvestimos a nuestra sirena a lo largo de la vida, como nuestras hermanas a aquellas muñecas. Pero con el tiempo vivido van poquito a poco saliendo a relucir cosas impensables. Son y permítanme el ejemplo, como cuando escuchas a un entendido en vino. Se acerca la copa a la nariz y nos habla de los aromas, a frutas, a flores, a tipos de madera. Con la edad tu nariz metafóricamente hablando, te descubre en esa sirena todos esos aromas y sin saber porqué, la brújula de tu corazón te enciende una lucecita que avisa de un puerto cercano.
Quizás no se parece en nada esa sirena a nadie famoso, pero es mi sirena. La mía es alegre, me arranca una sonrisa incluso cuando esta enfadada, no….muy enfadada, cuando inventa un truco para meterme por el ojo de esa aguja que jure nunca atravesar. Me gustan sus silencios tanto como sus largas charlas. Me gusta cuando defiende ese espacio donde yo cuento mis cosas. Me gustan sus ojos y verme en ellos como ella me ve. Son esos sus aromas que la hacen tan bonita, hasta tiene un pelo largo y precioso.
El resto; títulos, diplomas, dineros…..no son colores que me sirvan, para dibujar una puesta de sol con ella.

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