A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Indignados.


Atravesamos una época de “indignación” y existen razones para ello, pero lo que es para mi sigue siendo incompleta, porque ¿hasta donde llega nuestra indignación?, ¿nos incluye a nosotros en lo que nos toca?. No es solo contra políticos o banqueros la cosa, ellos nos engañaron, pero nosotros fuimos a comprar la moneda falsa y mientras mantengamos esa moneda en nuestra mano, seguiremos siendo presa de ellos.
Siempre me impactó la frase de Kennedy cuando dijo…No es lo que tu País puede hacer por ti, es lo que tú puedes hacer por él… y nuestro País comienza por nuestra casa. Nuestro comportamiento en nuestro microcosmos, lo vertemos después en la sociedad. En mi época y no hace tanto, nadie me explicó que debía trabajar en lo que fuera y cuanto antes, porque se consideraba de “poco hombre” pedir dinero a nuestros padres. Todos lo hacíamos, todos nos fuimos sin red protectora a un apartamento entre cuatro o seis o los que fueran, con cuatro poster y muchas ganas e ilusión. Me pregunto cuantos de estos indignados treintaañeros, aun dejan la ropa sucia en el suelo del cuarto de baño, para que su madre la encuentre. Después comen, se meten en su habitación-apartamento y critican al gobierno que no les proporciona otra “lactancia bien pagada” a perpetuidad.
La dignidad ya que escribo de indignación es algo que emana de nosotros mismos hacia fuera, es la que cada cual se exige si mismo. No es indigno ni uno solo de los trabajos que se puedan encontrar, es indigno quien lo acepta y lo hace mal. Esta crisis terminará llevándose como un tsunami a todos por delante, unos por consentidores, por despistados, por crédulos, por niños-perpetuos.
Se impondrá (espero) la sensatez y los valores de siempre. Solo tenemos que mirar afuera. Nadie compra pisos en Europa, a los hijos se les educa para que se hagan responsables de si mismo a una edad razonable, pero nunca después de los 25. Tras lo cual los padres rehacen su vida económica y sentimental, porque son, fueron y necesitan volver a ser pareja, como eran antes de su llegada.

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