A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Supervivientes.






Nunca prometimos nada el uno al otro, simplemente fue una sonrisa y un abrazo de esos calentitos, de esos en que te acercas más y más y aún queda un rinconcito entre mi pecho y el suyo donde achucharse otro poquito. Inclinó su cabeza y puso su oreja en mi pecho y así estuvimos un buen rato. Recordé en ese momento aquel anuncio de un detergente para lana, Norit se llamaba, donde una chica cruzaba sus brazos y ponía cara de felicidad por lo acogedora de su prenda.
Hasta mucho tiempo después no me dijo “te quiero”, yo si, porque soy mas fuguilla, mas explosivo. Ella eligió el momento, llego por detrás y lo dijo bajito en mi cuello, creo que se me pusieron de punta, hasta los pelos que ya no tengo en la cabeza.
A eso siguieron semanas transportado a otro mundo, no hablábamos tanto, simplemente alzábamos la vista y nos sorprendíamos mutuamente en una mirada compartida. Esa eran las caricias por el día, por la noche venían todas envueltas, en una marea de cariño.
Éramos supervivientes de la vida, por eso tuvimos cuidado ambos de los dos. Una alambrada invisible nos rodeo y aunque libres, el territorio compartido ponía claramente “propiedad privada”. A base de atardeceres cálidos y agua de mar, mudamos la piel y las espinas de otras vidas e historias. Cada amanecer juntos, borro poco a poco los silencios. Tarde tras tarde voy a recogerla al trabajo, me detengo en su sonrisa un momento y recuerdo aquel anuncio antes de cogerla de la cintura.

2 comentarios:

Espérame en Siberia dijo...

Diossss, esto es hermoso. Qué amor tan único. ¡Enhorabuena!
¡Qué viva el amor, coño!


Mucha luz :D

Capitán Smith dijo...

Jajajajajajajaja.....gracias.

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