A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

jueves, 20 de octubre de 2011

Desde mi rincon.





De pequeño recuerdo a mi madre abrir todas las mañanas, ventanas y balcones. ¡¡¡Hay que orear la casa!! Después me enteré que es una acción higiénica fundamental, elimina gérmenes, partículas alérgicas, malos olores. Daba igual invierno que verano, por lo que salíamos de estampida de los cuartos, buscando cobijo.
En lo contrario del día, el momento del atardecer, cuando estoy en este que llamo “mi rincon”, realizo algo parecido, solo que abro estas ventanas mentales y dejo que sea la brisa la que se lleve los gérmenes. Los atardeceres de otoño en estas latitudes son espaciados, cálidos, aporta ese tiempo necesario para deambular por nuestra agenda, esto si, esto no, despegamos los posits acumulados en la frente, los ojos e incluso el corazón…….llámame, ¿Qué haces?, era para ayer…….¿porqué para abreviar lo llenamos todo de imperativos?
Me dejo bambear por esta brisa que viene desde mi espalda, de una tierra acalorada del verano, de una amante que espera ya esa primera lluvia. Cuanto me gustaría que en vez de notitas, alguien viniera a colocar su brazo en mis hombros y hable, o se calle, o lo que sea, que la compañía ya es charla amena entre personas.
En su ausencia, tengo una colección de caracolas de todos los mares de la tierra y como un disc jockey, acerco una a mi oreja y sueño con el lugar que mas me guste.

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