A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Batas blancas.


La soledad real tiene forma de cama de hospital, huele a medicamentos, suena a pitidos inquietantes, a superficies de acero y a decorado de batas blancas. La soledad difumina los nombres de amigos y familiares, que huyeron conforme su agenda se lleno de eventos inaplazables, recordaron tareas abandonadas, o descubrieron que su tiempo era oro. Los pocos que quedan parecen allí en el pasillo, golondrinas en un cable eléctrico, mudas, sentadas una al lado de otra. Esa soledad trae de la mano otras manos, la del médico serio y adusto que es fría pero firme, como ese pilote donde amarro mi barco, me pregunto ¿cuantas imágenes como ésta llevará dentro de su bata?. También las hay calientes y tiernas como la de la enfermera refunfuñona del turno de noche. Ella me recuerda a mi tía Adelaida, que alternaba las riñas con caramelos del bolsillo de su delantal. La soledad real no se escribe en poemas, viene envuelta en palabras del latín y del griego, que dichas detrás de unas gafas, suenan algo mejor que la realidad. Noviembre es el mes oportuno para recordar estas cosas. El mes de la soledad, de las batas blancas y de las golondrinas que se marcharon.

2 comentarios:

mientrasleo dijo...

Qué triste... precisamente por ser cierto.
Un beso

Capitán Smith dijo...

Llevo a diario una de esas batas, y convivo con ella.

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