A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

viernes, 4 de noviembre de 2011

¿Nos vamos mi Reina?.



Según los profesionales de la envidia y la lengua suelta, en el rodaje de Cleopatra, no era inusual encontrarse a la Reina y a Marco Antonio, por cualquier baretto de la ciudad mirándose fijamente a los ojos. Pero (eso si que era un detalle) vestidos de romano y egipcia. Aparte de la sorpresa, lo que encandilaba a los espectadores era esa mirada. Saltaban chispas hormonales, tantas que de allí surgieron varios matrimonios entre ellos, que de tan grande que fueron ambos, necesitaron separarse varias veces, para no morir incendiados.
Existen miradas de; curiosidad, exploratorias, arrobadas, románticas, de amor y otras que son sexo puro, la cual puede ir sola o en combinación con todas las anteriores. Tal tipo de mirada necesita que ambas personas sepan de qué va el tema y posean un mínimo de actitudes y aptitudes, si va aderezado con amor, mucho mejor.
Si hay algo que me guste más que el juego de conquistarte (conquistarnos), es el momento ese en que dejas la espalda contra el respaldo de tu butaca, colocas una sonrisa con labios entreabiertos y me miras desde detrás de los ojos. Es una panorámica, pones un diafragma del 8, más o menos, de forma que salgan bien nítidos en tu retina, esos labios y su rubor, un leve parpadeo, un brillo en las pupilas, una respiración profunda y luego un repaso (no verbal) por ciertas zonas interesantes de los dos. La mirada de nosotros en ese instante lleva dirección descendente, ojos, labios, cuello, senos, ese lugar donde cruzan tus piernas y los zapatos. La vuestra sigue derroteros distintos y variados. Al final nos encontramos en esa plazoleta de los ojos y los labios.
Sentarme frente a ti y saber cómo me miras y que tú lo sepas también es un momento sublime, es un palpitar acelerado, es el primer acto de instantes después pero vividos ahora.

Brilla el rojo bajo el rojo de tus labios, se vuelven alfileres tus pupilas, siento tu aliento tan cerca que ya no se si es el mío.............un murmullo nos distrae y..............estamos rodeados. Y que nos importa, ¿acaso tiene algo de anormal que tu vayas de reina y yo de romano?. ¿Nos vamos mi Reina?

1 comentario:

mientrasleo dijo...

Preciosa entrada y no te faltan razón. Hay veces que un batir de pestañas nos desordena el mundo, y una mirada profunda nos desordena el alma.
Un abrazo

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