viernes, 13 de enero de 2012

Los dedos de la aurora.




Entraban en mi alcoba sin llamar a la puerta,
deshojando en el aire la flor de su perfume.
Los oía arrastrarse, leves, hasta la alfombra.
Trepaban a la cama y luego, entre las sábanas,
me anunciaban el día con sutiles caricias.


Luis Alberto de Cuenca. España 1950.

1 comentario:

Rive Gauche dijo...

Que romántico. Alguna vez en la vida todos deberíamos tener esta experiencia.

El rumor del mar.

Hasta que un profesor plasta explicó,  que cuando colocas una caracola en tu oído lo que oyes no es el mar sino el sonido de tu rieg...