A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

viernes, 20 de julio de 2012

Una voltereta.







Mi madre no paso de la suma y resta, aparte de las “cuatro letras”, pero actuaba de jefa de estudios implacable. Todos alrededor de una gran mesa con nuestros libros y ella planchaba un enorme cesto de ropa, al fondo sobre una repisa actuaban cuatro o cinco voces dentro de una aparato de radio. Los seriales radiofónicos fueron los programas más populares de mi infancia. Hubo uno en particular que paralizaba la vida de la ciudad, se paraban los tranvías y los pasajeros, pegaban la oreja dentro de alguna cafetería, a las peripecias de una señorita enamorada, embarazada y abandonada (por este orden) a su suerte. Mario Vargas Llosa en La Tía Julia y el Escribidor, describe en una hilarante novela este fenómeno.
Los masculinos teníamos lo mismo, pero en forma de libritos, eran las “novelas del oeste americano”, una ventana al aire libre para nosotros. Todos sus protagonistas median siete pies y medio (nadie sabia convertir estas medidas) su peso era en libras (tampoco había idea de esto) pero cuando disparaban siempre le daban al malo en medio de los ojos. De aquí pasamos a otros autores y tamaños de libros, fuimos piratas, capitanes de barcos, nobles escoceses, caballeros con armadura, exploradores en África. Esas mismas aventuras después se plasmaban en el cine y a través de él descubrimos otras más inquietantes….el pirata tenía una hermana o el capitán una sobrina y de pronto, quedarte dando paseos con ella, era mas atractivo que tanta carrera y saltos por la jungla.
Estoy en mi salita, frente a una tabla de la plancha situado frente a la TV, en verano te reponen las “series” que no puedo ver normalmente pero condensadas, suelen ser de policias ayudados por; adivinos, mediums, escritores, cerebritos, fantasmas, vampiros, sicologos, simplemente locos....etc. Vuelvo la vista atrás y recuerdo a mi madre y esta escena, todo es casi…..igual, aunque distinta y es que la vida da tantas vueltas. Solo que ahora ha sido una..........voltereta, ni siquiera Burt Lancaster la hubiera imaginado.

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