A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Timidez.

Aquel par de ojos bajaron como del cielo, allí enmarcados entre la mascarilla y el gorro, ambos de color azul celeste, me refiero a los ojos, pues solo se veían esos, los ojos.


-se encuentra usted cómodo? en un momento vendrá el doctor.

Sobre el sillón de la consulta, tenia mi boca abierta por dos motivos, porque me habían colocado un tubo aspirador y por la sorpresa de la aparición de ella. Debido a la postura lo único que podía hacer era esperar, solo veía una lámpara con un gran ojo fijo en mi, mientras una música enlatada intentaba engatusarme.

El doctor un hombre ya maduro, amable, metió sus dedos enguantados en mi boca, achuchó mis encías, inspeccionó con algo metálico toda la dentadura y ya contento dijo:

-Carmen déle cita para el martes tarde, comenzaremos con radiografías y una limpieza.

Sus ojos aparecieron en lugar de la antipática lámpara.

-Don Antonio voy a quitarle el aspirador, puede enjuagarse un poco. Al salir le informaran sobre lo que ha dicho el Dr. Peláez.

Cuando me incorporé ella desapareció tras una puerta y solo pude observar su figura un instante, de mi estatura, pero ni idea de mas detalles.

Volví aquel martes y el jueves. Me hicieron la limpieza, dos empastes, una endodoncia. Firme un crédito para dos implantes, un blanqueamiento…..

Y en todas aquellas tardes lo que yo esperaba eran sus ojos, su voz aterciopelada, el leve roce del dorso de su mano enguantada, cuando me colocaba el paño y el aspirador. En todas aquellas tardes mientras el doctor se afanaba con mis piezas dentales, ensayaba lo que traía aprendido para proponer a Carmen. Los viajes, los pisos que tenia ya visitados, la playa maravillosa para nuestro viaje y que mi amigo Miguel por fuerza sería el padrino del por supuesto niño.

Los implantes fueron un éxito, aquella tarde el doctor se quito su mascarilla, tiró de una palanca para incorporarme, esa tarde él quien me retiró el paño y el aspirador.

-Bueno Don Antonio, ahora todo corre de su parte me dijo.

-Si? Cree que debo arreglarme otra cosa?.

-Diría que si y que no. Le aconsejo que pida una cita

-Para la ortodoncia o para una extracción, pregunté.
-Le extraería algo no lo dude, pero mejor pidale de una vez una cita a Carmen. Que nos tiene a todo el gabinete de los nervios joder.

2 comentarios:

Rebeca dijo...

Jajaja, muy bueno, desde luego tengo que admirar la imaginación y creatividad literaria que tiene Capitán.

Gracias por compartirla.

Rebbeca

Capitán Smith dijo...

es un pequeño homenaje a esas profesionales que te dan tranquilidad y que te cuidan.

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