A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Laissez faire.




Ayer tarde-noche trabajaba en un pueblito de Sevilla, tierra de cereal, calma y desnuda. Desde un ventanal veía llegar un frente de nubes negrísimas, los relámpagos a lo lejos presagiaban la tormenta. La tierra ávida de humedad, el cielo impetuoso con nubes cargadas de agua, deseoso de soltarla.
Como dos amantes en los instantes previos a hacerse el amor. Cuando sobran y faltan brazos al rodearse por la cintura, por los hombros, arrinconados contra la pared o sobre la mesa. Cuando desearías tener varias bocas y besar a la ves su cuello, sus labios y sus senos.
Llega con el primer clarín el otoño y es importante sintonizar con la estación del año. Muchos urbanitas desprecian estos atavismos, pero como mamíferos sobre la tierra, medimos el tiempo por su reloj. Necesitamos ver, oler, sentir el otoño, nuestra retina se cubre de tonos amarillentos y ocres, los vellos de la piel danzan con la brisa aun suave, la luz de la tarde se atenúa invitándonos a mirar hacia dentro más que afuera.
Te busco en el día, acariciar tus manos, romper la distancia, oir tu voz. Me gustaría sentirte sentada en mis piernas charlando de ese libro y que me lo cuentes. Porque las historias toman vida en la voz de las personas.

Todo esto venía con aquellos nubarrones, presagios maravillosos, de un tiempo para degustar sin tiempo, porque no, un magnifico “laissez faire” en tus brazos.

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