miércoles, 30 de octubre de 2013

Travesuras.



En mi pueblo natal aun existe las ruinas de un castillo árabe. De pequeño jugábamos a tirarnos por una ladera, a la que previamente habíamos encharcado para que resbalara, era un principio de tobogán. A la vuelta nos esperaba un pescozón o dos buenos tirones de orejas, ante el aspecto del pantalón. Pero eramos felices y ese sentimiento, de riesgo,velocidad  y camaradería hacía que  valiera la  pena.
Se que no está  bien visto  en nuestra educación judeocristiana, manifestar alegría y decirlo, parece que atrae algún maleficio, pero así me  siento últimamente a menudo, como cuando me tiraba por aquella ladera. Aparte que ahora  me importa un bledo el pantalón. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Genial!

mientrasleo dijo...

A saber qué travesuras estarás pensando....
Besos

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