A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Una mujer.



No recuerdo bien como habíamos entablado la conversación aquella mujer y yo. Tampoco importa mucho para lo que aconteció, pero la mañana tomo otra vereda distinta a la  que llevaba hasta entonces.
Yo estaba embebido en aquellos ojos celestes, que interpretaban una particular danza de espejos. Ella comentaba sobre la temperatura de la mañana y mi ciudad, pero sus ojos, su sonrisa y el ademán de su mano llevaba un tema distinto. Fue de lo más agradable darme cuanta que estaba siendo observado en los más mínimos detalles. Pelo, afeitado, camisa, raya del pantalón, mis zapatos y posteriormente mis manos para terminar en mi boca. Creo que debí pasar el scanner con un suficiente, porque inmediatamente ella adelanto su busto hacia mí y cambio el orden de sus piernas cruzadas. En justa correspondencia y sin ningún reparo, aunque elegantemente le devolví su scanner, terminando en sus ojos. Ella y yo no nos estábamos echando ni la más mínima cuenta, solo interpretábamos el juego eterno de la seducción. El toque final de feminidad fue cuando deslizo sus dedos por detrás de su oreja y alargo la mano en un arco perfecto hacia su rodilla. Dejando en el aire, una leve brisa de perfume alrededor del banco donde estábamos sentados.
Evidentemente no hubo nada, pues nada se pretendía. Solo ser y estar, solo existir, solo el saber que hay quien conversa en tu idioma. Pero a la vez verse, verte en otros ojos. Ser esa mujer y ese hombre otra vez en colores.
De vuelta a casa pare a mirarme en un escaparate y aquel pantalón dejo de ser otro pantalón más, la camisa se ilumino en sus colores originales, mi chaqueta reclamó su color camel, no marroncito claro…...Ser persona y estar vivo.
Vivimos, desaparecemos o morimos en los ojos que nos miran y que ya no nos miran. Cuando la rutina, la falta de ilusión y poco a poco el desamor se adueña de nosotros, nos ocurre como aquellas fotografías sepias de casa de los abuelos, quedamos arrumbados en una repisa y nos ataca una transparencia en nuestra figura, en nuestro teléfono, en nuestro buzón de correo y en los ojos de los que nos miran.

Aquellos ojos fueron como una varita mágica. Quiero creer que los míos también. Era guapísima y muy elegante. Agradecí al cielo esa mañana de hace unos días.

3 comentarios:

Aniagua dijo...

Creo que a veces damos sin darnos cuenta intercambiamos ilusiones, esperanzas.. ganas de vivir de renovarse.

Un abrazo.

Capitán Smith dijo...

Por supuesto Aniagua, es sano y necesario además. Con nuestra actitud provocamos pequeños momentos de felicidad en los demás. Ser ignorado es el peor de los castigos y en un mundo como el nuestro es frecuente. Ganas de vivir eso es importante. Un abrazo

Rive Gauche dijo...

Eso Capitàn, ganas de vivir, que cuando el amor nos roza es que hay una transformacion y vuelven las ilusiones, las risas, todo, vuelve todo. Un abrazo

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