A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

viernes, 10 de enero de 2014

Encuentro.

Un popurri era lo que sentía por dentro, una mezcolanza de sensaciones reales o imaginarias. Mientras intentaba mantener los ojos abiertos  le venia a la mente esa imagen de los recién nacidos que sonríen satisfechos después del biberón.
Un día completo con Virginia es inenarrable, lo peor viene al día siguiente y este era uno de ellos. Es como el Jet lag ese de los viajes, lo único que quieres es dormir hecho un trapo y eso sin contar las agujetas, me duelen hasta las orejas. Pero la sonrisa…..ahhhhh la sonrisa. Ya me han preguntado dos compañeras de la oficina…¿Qué tal el fin de semana?...Y yo sin poder contarlo porque primero no es ético y luego no me iban a creer.
Eso me pasa por ir diciendo siempre……ya tengo unos años…..no estoy ya para eso……y zas.  Virginia llegaba a la vida, después de soltar un lastre de 15 años de soledad. Un juez trabajador resolvió convertirse en podólogo y quitarle aquel callo. Un “galán de noche” metáfora oportunísima para su función en la vida y lo mismo de inoperante.
Aquel viernes nos encontramos en la fotocopiadora, nos miramos e hicimos el amor aquella misma tarde. Repetimos en la cena y el desayuno. Desperté al mediodía y con un hilillo de voz dije……
-Virginiaaaaaaaa……
.¡quéééééé…….
-Apunta en un papel el nombre del vino tintooooooooo
-Y porque gritasssssssss
-No seeeeeee, es que creí que estaba muerto.
-Mal enterrado creo yo, bueno un poco pasado de moda estas hijo, pero ya te pondré al día. Cuanto hace que no hacías el amor?
-Aun no existían los calendarios respondí.
-Eso me gusta de ti, tu humor.
La tarde del sábado la emplee en explicarme porqué tenía siete pantalones iguales, lo mismo que siete camisas de cuadros o veinte latas de judías y otras veinte de albóndigas. Desde luego no esperaba ninguna visita.
Tres timbrazos me devolvieron a la realidad, abrí la puerta y Virginia entro como un ciclón…
-Cariño traigo un gel para darte un masaje, una bolsa de agua caliente para tu espalda, una caja de antinflamatorios y ehhhhhhhhhhhhhhhhhhhh (con cara de sinvergüenza), sorpresa………… una botella del tinto preferido de mi niñoooooooooooooooooo.
-Dios (dije poniendo mis manos en mi cintura). No querrás enterrarme tu?
-Ven aquí  medio muerto.
Lo mejor vino después, charlar horas y horas, dormir entrelazados, redecorar la casa, mirar como llueve tras la ventana……………


2 comentarios:

Rive Gauche dijo...

Que imaginación!!!!!! y que precioso describes momentos tan preciados que existen...., me he reído muchísimo. Tenía que ser Vd. del Sur de España, que gracia tiene...., me ha encantado. Un beso enorme y siga con esta escritura que nos hace sentir tantas emociones y de tantos tipos.

Magnolia A. dijo...

Son mágicos esos momentos y muy disfrutables cuando encuentras a la persona idónea. Bellísimo lo que ha escrito. Me gustan sus relatos, son muy auténticos. Un abrazo

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