A bordo.

Todo lo que usted puede leer es fruto de la imaginación , mía y de muchas personas qúé un dia me contaron.

martes, 12 de enero de 2016

Tweed.

Áspero, cálido y resistente, tres términos que definen al Tweed, el tejido de los trajes que indefectiblemente vestían aquellos señores ingleses de mis novelas. Me atraían aquellos señores tan seguros en sus opiniones, tan impasibles, moviéndose como  a  cámara lenta por entre los párrafos de las novelas. Después caí en la cuenta que en todos coincidía una determinada edad y supe que en la vida, persona y personaje van entretejiéndose con los años.
Llega una edad en que no necesitas tu curriculum vitae para nada, primero porque ya has escrito de sobra tus méritos académicos y profesionales que definen toda tu trayectoria personal y segundo porque a partir de ese momento dejas libre a tu persona real.
Si, esa persona con todas sus virtudes fallos y defectos, con tus opiniones mas o  menos extrañas, estrambóticas y minoritarias. Te permites también esas licencias, incorrecciones,  pillerías,  miradas, incluso el piropear la belleza de una mujer abiertamente sin otro objetivo que ese, el  alabar la belleza. Pero todo  ello envuelto como en ese traje de tweed de elegancia y educación.
La edad confiere inestimables beneficios y ventajas. Áspero a la falta de tacto, la violencia gratuita, la chabacanería, al desdén, al abandono sin motivo, al engaño y la mentira disfrazada de silencio. Pero de una calidez extrema con la amistad, con el cariño y el amor. Resistente al olvido, a dar la cara siempre por esa persona que ocupa un lugar privilegiado en tu vida, aunque te cueste tu imagen.
El traje de tweed tiene su momento. Un día dejas de ser el Robert Redford en la escena, pero  la novela de tu vida toma un desvío rumbo quizás a; Aberdeen donde A.J. Cronin puso vida a aquellos médicos y enfermeras en "La Ciudadela",  a los verdes y amarillos de la  Toscana o quien sabe si a un tranvía de Praga o Lisboa.
Das un sorbo a tu taza de café sin desviar los ojos del libro,  oyes las prisas de esa parejita por subir a su habitación del hotel y recuerdas tu miedo.....y sonries .....porque lo maravilloso de cualquier novela radica en la imaginación del autor.
Miro mi reloj, ya ha transcurrido tiempo suficiente, Le indico al camarero que suba dos copas a mi habitación, siempre hay que dejar espacio a una dama.

2 comentarios:

maria candel dijo...

Es verdad Capitán, que la edad nos va dejando libertades, o quizás te empieza a importar poco o menos la opinión de los demás mientras se va perdiendo el castrador sentido del ridículo, me encanta estos dones de la tercera edad...

Abrazo

Capitán Smith. dijo...

Lo vas descubriendo poco a poco, que cada vez te importan menos ciertas cosas y más otras hasta hoy desconocidas.Aprender de nuevo es una aventura.Besos María

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